La IA: El nuevo campo de batalla entre Estados Unidos y China

La inteligencia artificial se ha convertido en una herramienta geopolítica clave, donde Estados Unidos y China compiten por el dominio. Controlar su desarrollo es esencial para la economía, la militarización y la política global.

La inteligencia artificial (IA) ha evolucionado de ser un simple sector tecnológico a convertirse en una infraestructura de poder que influye en múltiples ámbitos, desde la economía hasta la defensa. En este nuevo contexto, Estados Unidos y China se encuentran en una intensa carrera por liderar el desarrollo y la implementación de esta tecnología, lo que tiene implicaciones significativas para el equilibrio de poder global.

Estados Unidos se destaca en inversión privada y en la creación de modelos de IA de vanguardia. Según el AI Index Report de la Universidad de Stanford, en 2024, la inversión en IA en EE.UU. superó los 100.000 millones de dólares, en comparación con menos de 15.000 millones en China. Este liderazgo no es casual, ya que más del 60% del capital riesgo global en IA se concentra en territorio estadounidense, impulsado por gigantes tecnológicos como Microsoft, Google, Amazon y Meta, que están invirtiendo miles de millones en centros de datos dedicados exclusivamente al entrenamiento de modelos de IA.

Por otro lado, China está movilizando recursos públicos de manera masiva para cerrar la brecha. La IA está formalmente integrada en el New Generation Artificial Intelligence Development Plan, aprobado por el Consejo de Estado, y en los planes quinquenales más recientes. Se estima que las inversiones en IA, semiconductores y computación avanzada en China podrían alcanzar entre 400.000 y 500.000 millones de dólares entre 2021 y 2030. Estas inversiones están dirigidas no solo a la investigación básica, sino también a empresas privadas y consorcios industriales, con el objetivo de acelerar la sustitución de tecnología extranjera.

La regulación se ha convertido en un campo de batalla clave en esta confrontación. En China, el marco normativo de la IA actúa como una herramienta de política industrial, imponiendo requisitos de certificación nacional y restricciones al uso de software extranjero en sectores estratégicos. Esto crea un entorno donde las empresas chinas, respaldadas por el Estado, pueden competir con ventajas estructurales frente a competidores internacionales, especialmente en áreas como hardware y robótica.

El modelo de competencia asimétrica que se está desarrollando entre ambos países plantea importantes preguntas sobre el futuro de la tecnología y la economía global. A medida que la IA continúa evolucionando, el control sobre su desarrollo y aplicación se convierte en un factor determinante para el poder geopolítico. La capacidad de una nación para innovar y regular efectivamente la IA podría definir su lugar en el orden mundial en las próximas décadas.


Información elaborada a partir de los datos publicados por Redacción Interna.
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Fuente: Redacción Interna


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