En su columna de opinión en El Nacional, el profesor de innovación y IA Esteve Almirall sostiene que **la inteligencia artificial (IA) no crea desigualdad por sí misma, sino que es la forma en que se adopta —y quién la adopta primero— la que genera diferencias económicas y competitivas significativas.
Almirall parte de que vivimos una disrupción tecnológica profunda, comparable a revoluciones tecnológicas anteriores, y que con cada una se han generado desigualdades temporales mientras ciertas empresas, organizaciones y países se adaptan más rápido que otros. Sin embargo, el motor real de estas desigualdades no es la IA en sí misma, sino el ritmo y la intensidad con la que se adopta y se integra en procesos productivos y organizativos.
El autor explica que la adopción tecnológica es un proceso social y organizativo, no puramente técnico: depende de factores como la competencia del entorno, los incentivos internos, la disponibilidad de talento y la cultura de innovación. Organizaciones con alta competitividad y cultura pragmática tienden a adoptar IA más rápido, volviéndose más eficientes y creando un efecto acumulativo de ventajas. Las que se quedan atrás ven cómo el mínimo de eficiencia exigido por el mercado supera sus capacidades, lo que puede traducirse en pérdida de participación o incluso desaparición de mercado.
Almirall ilustra esto con ejemplos a nivel nacional e internacional. Por ejemplo, señala que en su país el nivel de adopción organizativa de IA sigue siendo bajo, mientras que a nivel individual casi todos usan IA generativa sin grandes barreras de acceso, lo que evidencia que la desigualdad no viene del acceso “básico”, sino de la integración profunda en procesos estratégicos.
Asimismo, el autor señala que el fenómeno se observa también entre países: China habría decidido enfocarse en la adopción masiva de IA en todos los ámbitos, lo que le permite acumular ventajas competitivas difíciles de igualar por otros países que privilegian la regulación y la redistribución antes que el crecimiento tecnológico.
En conclusión, el debate no debería centrarse en si la IA crea desigualdad, sino en cómo se gestiona su adopción y qué políticas públicas pueden minimizar las brechas generadas. Esta perspectiva enfatiza la importancia de diseñar estrategias que promuevan una adopción amplia e inclusiva de la tecnología en lugar de restringirla o interpretarla como causa automática de desigualdad.
ORIGINAL: ELNACIONAL https://www.elnacional.cat/oneconomia/es/opinion/crea-desigualdad-inteligencia-artificial-esteve-almirall_1542841_102.html