El fin de la realidad ha llegado (y ahora qué?) Adiós a la industria del Cine

Acabo de leer un artículo que, bajo el título «El fin de la realidad ha llegado», plantea que ya hoy, en 2026, hemos cruzado una línea difícil de asumir: distinguir entre realidad y ficción en vídeo empieza a ser prácticamente imposible. Según explica el artículo, las nuevas inteligencias artificiales generativas han alcanzado un nivel de realismo tal que cualquier pieza audiovisual puede resultar indistinguible de una producción tradicional. Bien, a partir de este artículo —cuyo enlace os dejo más abajo— quisiera hacer una reflexión personal sobre cómo la inteligencia artificial está a punto de transformar (de arriba a abajo) la industria del cine y, sinceramente, podría decir que no pasa nada, que nos adaptaremos y que sobreviviremos. Y seguramente será así: aprenderemos, nos adaptaremos y sobreviviremos. Pero la cuestión no es esa. La cuestión es qué pasa dentro de esa caja negra donde entra la industria del cine tal como la conocemos y sale otra distinta, transformada por la inteligencia artificial.

El espectador, probablemente, no va a notar nada. Verá guiones más trabajados, efectos más espectaculares, escenas más complejas y todo parecerá igual o incluso mejor. Desde la butaca, la experiencia será prácticamente la misma. Pero eso no significa que la industria siga siendo la misma. Ahí está la cuestión.

Si miramos lo que entra en esa caja negra, vemos una estructura enorme de profesionales: guionistas, directores, directores de fotografía, operadores de cámara, técnicos de iluminación y de sonido, montadores, especialistas de efectos físicos, maquilladoras, caracterizadores, figurinistas, escenógrafos, constructores de decorados, localizadores, actores, dobles de acción, especialistas de riesgo, dobladores, técnicos de postproducción, estudios de rodaje, seguros de rain day y empresas de alquiler de equipos. Toda una maquinaria humana que ha definido el cine durante décadas.

Y ahora pensemos qué sale de esa caja. Sale una industria donde el rodaje físico puede ser opcional, donde el actor puede ser sintético, donde el doblaje se genera automáticamente, donde el montaje lo decide un modelo, donde la iluminación es un parámetro y la localización un simple prompt. El resultado puede parecer el mismo, pero la estructura laboral, la inmensa maquinaria que ha definido el cine hasta hoy está a punto de desaparecer.

¿Una industria al alcance de todo el mundo?, no nos engañemos: dinero seguirá haciendo falta para las grandes superproducciones. La industria no se democratizará tanto como algunos creen; probablemente se concentrará aún más en quienes puedan costear infraestructuras tecnológicas gigantescas. El público no lo notará, pero una inmensa mayoría de profesionales sí. La industria del cine seguirá existiendo, claro que sí, pero será otra.

Y aquí viene lo importante. Esto no va solo de cine. Hoy ocurre aquí y mañana —va a pasar— en tu sector. Ya sabes lo del vecino y las barbas. Así que la pregunta no es si sobreviviremos, sino si sobreviviremos haciendo lo mismo. Porque la inteligencia artificial no elimina el resultado final; elimina el proceso. Y cuando desaparece el proceso, desaparecen también muchos oficios. Por eso, más que resistirse, toca entenderlo y adaptarse. Adaptarse, adaptarse, adaptarse.

Tomás Cascante

COMENTARIO BASADO EN EL ARTÍCULO PUBLICADO EN El Confidencial EL 10 de febrero de 2026. Leer original

 

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