En matemáticas, el cero no es negativo. Es neutro, es frontera, punto de equilibrio entre lo que suma y lo que resta. Pero en la vida real —y especialmente en la revolución de la inteligencia artificial— el cero no es neutro. Es negativo. Porque el mundo no está quieto. Y si el mundo avanza mientras tú decides quedarte en el mismo punto, no permaneces estable: te alejas. No retrocedes en términos absolutos, pero sí relativos. Te separas del ritmo, pierdes sincronía y, sin darte cuenta, desde tu cómoda posición inmovilista empiezas a ir hacia atrás.
La inteligencia artificial no es una moda tecnológica ni una herramienta opcional que pueda probarse dentro de tres años. Es una imparable transformación estructural de cómo se produce, se decide, se investiga, se diagnostica, se comunica y se compite. Y frente a esa transformación existe un fenómeno silencioso, mucho más amplio de lo que parece: la inmovilidad. Directivos que observan desde la distancia, profesionales que dicen “ya veremos”, ciudadanos que sienten que “eso no va conmigo”, incluso directivos con alta formación que prefieren esperar a que “todo se estabilice”. No es resistencia argumentada ni crítica elaborada; es algo mucho más simple y más peligroso: es no hacer nada.
El problema es que, hoy, no hacer nada no equivale a quedarse en el mismo sitio. Equivale a retroceder. Mientras uno permanece en cero, otros están aprendiendo a hacer prompts, integrando modelos y agentes en sus flujos de trabajo, automatizando procesos, explorando casos de uso, entendiendo límites y afinando criterio. El conocimiento avanza, la competencia mejora y el mercado evoluciona mientras tú simplemente permaneces…. ¿Lo ves, no? el cero, en este contexto, es un número negativo. El inmovilismo no es prudencia, es miedo racionalizado. Y el miedo, cuando se disfraza de espera estratégica, termina convirtiéndose en obsolescencia.
Pero cuidado, no es tan fiero el león como lo pintan o, dicho con más propiedad, no es tan fiero el león como yo lo estoy pintando ahora, conozco perfectamente las cifras y la realidad de 2025: la adopción empresarial de la inteligencia artificial se sitúa ya entre el 72% y el 88% según McKinsey, con una penetración cercana al 90% en el sector tecnológico. En países como Emiratos Árabes Unidos o Corea del Sur más de seis de cada diez trabajadores operan con IA generativa, y en España uno de cada dos profesionales ya la utiliza, mientras un 30% la ha convertido en su herramienta diaria. Los datos son contundentes y positivos.
¿Entonces Tomàs?... me dirás, si sabes que esto ya está en marcha, ¿por qué insistes con este discurso aritmético?, pues porque me gusta la polémica y, sobre todo, porque soy un evangelista: quiero que el mensaje llegue a todos. No quiero ver cómo quienes se están quedando rezagados entran en modo cero y se apaguen.
El cero no es un refugio: es el primer paso hacia la irrelevancia.
Tomás Cascante
