Héctor Santcovsky · Donald Trump firmó el 20 de enero de 2025 la retirada de Estados Unidos del Acuerdo de París, presentándola como un acto de soberanía económica y patriotismo industrial, a pesar de las advertencias sobre las consecuencias de esta decisión.

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El 20 de enero de 2025, Donald Trump firmó la retirada de Estados Unidos del Acuerdo de París, lo que fue presentado como un acto de soberanía económica y patriotismo industrial. Sin embargo, esta decisión contrasta con datos de inversión y análisis de organismos internacionales, que sugieren que se trata de un acto de autolesión histórica. La Agencia Internacional de la Energía estima que la inversión mundial en energía alcanzará los 3,3 billones de dólares en 2025, de los cuales 2,2 billones se destinarán a energías limpias, el doble que a combustibles fósiles. Hace diez años, la situación era inversa. La inversión en solar fotovoltaica, que asciende a cerca de 450.000 millones de dólares anuales, supera ya a la nueva producción petrolera. China invierte casi tanto como Estados Unidos y la Unión Europea juntos, lo que indica un cambio global en la dirección del capital hacia energías renovables.

Expertos como Vaclav Smil advierten sobre la magnitud del desafío energético, que incluye sustituir más de 4 teravatios de capacidad fósil instalada y transformar 1.500 millones de motores de combustión. Smil subraya la necesidad de un enfoque realista sobre los ritmos de la transición, en lugar de una retirada. La transición energética requiere inversiones significativas, pero el capital tiende a ser conservador y evita riesgos. En este contexto, Estados Unidos ha decidido no participar en el avance tecnológico más importante del siglo XXI.

Jean-Baptiste Fressoz advierte que históricamente las fuentes de energía no se sustituyen, sino que se acumulan, lo que plantea el riesgo de una no-transición disfrazada de transición. Nicholas Stern ha señalado que los costes de la inacción climática aumentan exponencialmente, mientras que los de la acción tecnológica disminuyen. Durante los confinamientos de 2020, la reducción de la actividad industrial resultó en una caída de contaminantes y una notable disminución de patologías respiratorias infantiles en hospitales europeos. La OMS estima que la contaminación atmosférica causa siete millones de muertes prematuras anuales. La administración Trump ha respondido revocando estándares de calidad del aire y desmantelando agencias científicas, lo que refleja una elección consciente de desregulación estructural.

¿Cómo afectará la retirada de Estados Unidos del Acuerdo de París a la transición energética global y a la salud pública?

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