El urbanismo contemporáneo ha dejado de ser únicamente una tarea de ordenación física de la ciudad para convertirse en una disciplina que debe integrar la revolución tecnológica y digital en el ámbito urbano y territorial. En la entrevista con Tomás Cascante, Albert Cortina, abogado y urbanista, analiza cómo la transición hacia las ciudades inteligentes plantea un dilema fundamental entre la eficiencia de la innovación urbana y la esencia de los derechos y deberes del ciudadano.
Cortina presenta el transhumanismo como una ideología que pretende superar las limitaciones biológicas del ser humano a través de las biotecnologías exponenciales. Esta postura plantea una hibridación con la máquina que podría derivar en la creación de una especie posthumana y el consecuente abandono de nuestra humanidad a favor de una élite tecnocrática. Frente a esta cosmovisión, el autor defiende un humanismo avanzado: una visión que acepta el progreso pero prioriza la dignidad, la libertad, la conexión emocional y la dimensión espiritual; elementos que la inteligencia artificial no puede emular plenamente.
Este avance tecnológico exponencial puede derivar en la «algocracia», un sistema de gobernanza donde las decisiones políticas son delegadas a los algoritmos bajo la promesa de una gestión eficiente y objetiva. Cortina advierte sobre la expansión de «alcaldes sintéticos» o sistemas de IA que, aunque procesan volúmenes masivos de datos mediante gemelos digitales, carecen de discernimiento humano y juicio ético. El riesgo reside en diseñar ciudades para el control y la vigilancia de grandes tecnooligarcas, en lugar de optimizar la convivencia y el bienestar real.
Asimismo, el auge de los metaversos y el ciberespacio introduce una fragmentación social preocupante. Los individuos pueden verse tentados a vivir una realidad virtual ficticia mientras descuidan su entorno físico y comunitario. Por ello, resulta imprescindible que los responsables políticos se centren en las necesidades humanas urgentes y que los ciudadanos practiquen un «ayuno digital». Solo a través de una gobernanza ética y un compromiso con el modelo de ciudad mediterránea será posible integrar estas herramientas sin caer en una distopía tecnológica. Cortina nos invita, finalmente, a actuar desde una visión esperanzada para construir ciudades a escala humana.









