La inteligencia artificial está transformando la manera en que trabajamos y estudiamos. Su uso ético y responsable es clave para maximizar su potencial.
La inteligencia artificial como herramienta de apoyo
La forma en que las personas utilizan la inteligencia artificial (IA) en sus trabajos y estudios está cambiando. Ya no se trata solo de si estas herramientas reemplazarán empleos, sino de cómo se deben usar de manera ética y efectiva. Los expertos coinciden en que la IA no debe sustituir al operador principal, sino actuar como un apoyo que mejore la productividad y la toma de decisiones. La clave está en cómo se le pide ayuda a la IA, ya que la calidad de las instrucciones, conocidas como prompts, influye en los resultados obtenidos.
Los profesionales han descubierto que las solicitudes genéricas a un chatbot suelen generar respuestas imprecisas. Sin embargo, al definir objetivos claros y proporcionar contexto, la IA puede ser una aliada poderosa. Por ello, se han sistematizado buenas prácticas para interactuar con la IA, que se pueden resumir en seis tipos de prompts. Estos incluyen asignar un rol específico a la IA, pedirle que ayude a organizar ideas, solicitar estructuras claras antes de redactar, utilizarla para investigar, realizar controles de calidad y aprender sobre su funcionamiento.
Por ejemplo, al asignar un rol claro, como el de analista o editor, se reduce la ambigüedad en las respuestas. Además, la IA puede ayudar a identificar supuestos débiles y reorganizar argumentos, mejorando así el proceso de pensamiento. En la fase de redacción, pedir una estructura clara puede resultar más productivo que solicitar un texto finalizado. En la investigación, la IA puede sintetizar información y ayudar a comparar opciones de manera ordenada. Finalmente, al final del proceso, puede servir como una segunda opinión, detectando errores y oportunidades de mejora.
¿Cómo crees que la IA puede mejorar tu trabajo sin reemplazar tu criterio?
Fuente: infobae