Acabo de leer en LinkedIn un interesante artículo de Jordi Marin Puigpelat en el que comenta el estado del talento en Catalunya para el año 2026 y los desafíos que enfrenta este entorno.
El artículo comienza estableciendo la reputación de Cataluña como un polo de atracción de talento, respaldada por informes recientes de entidades como ACCIÓ y el Digital Economy and Society Index (DESI). A pesar de tener más de 100,000 profesionales en el sector tecnológico y un crecimiento cercano al 10% interanual, se evidencia un déficit estructural de talento especializado en áreas críticas como la inteligencia artificial, los datos y la ciberseguridad.
Marin profundiza en lo que denomina el «gap» de la madurez digital, argumentando que el problema no es solo la falta de personas, sino un desajuste de competencias. Las empresas buscan el «talento 2026»: profesionales que no solo dominen la tecnología, sino que sepan aplicarla estratégicamente en la gestión y los negocios. Esto refleja un cambio de paradigma donde la gestión de la madurez digital se convierte en un desafío en organizaciones que todavía están estructuradas de manera tradicional.
El autor identifica tres ejes claves en este nuevo paradigma de talento: la obsolescencia de las competencias, donde las habilidades tecnológicas tienen una vida media de apenas 2,5 años; la desconexión del propósito, con una alta rotación en el sector tecnológico debido a la falta de proyectos claros y culturas ágiles; y el humanismo tecnológico, destacando la creciente importancia de las soft skills frente a las habilidades técnicas.
Para abordar estos desafíos, Marin propone varias estrategias: fomentar la agilidad organizativa, promoviendo estructuras menos jerárquicas y más colaborativas; impulsar la colaboración público-privada para compartir conocimiento y prácticas; y desarrollar un modelo educativo basado en micro-credenciales y formación integrada.
Cataluña, según Marin, posee el talento necesario, pero corre el riesgo de perderlo si no se crean entornos motivadores que retengan y potencien este capital humano. El 2026 es un punto de inflexión para pasar de la simple retención a la atracción de talento mediante propósitos claros y motivadores.
De todos modos, os recomiendo que leáis el artículo original de Jordi Marin Puigpelat publicado en LinkedIn y aquí os dejo la URL: El Talent 2026 més enllà de la quantitat
Tomás Cascante