El debate sobre el consumo de agua de la inteligencia artificial ha tomado un nuevo rumbo. La narrativa alarmista se desmorona tras un error en un libro sobre IA.
El Consumo de Agua de la IA: Un Debate Complejo
Durante meses, se ha discutido sobre el impacto ambiental de la inteligencia artificial, centrándose en el consumo de agua que implica cada consulta a modelos como ChatGPT. La idea de que una simple pregunta consume tanto como una botella de agua se ha repetido hasta convertirse en un dogma. Sin embargo, esta narrativa ha comenzado a cuestionarse tras el reconocimiento de un error en el libro ‘Empire of AI’ de la periodista Karen Hao, donde se atribuía un consumo hídrico mil veces mayor al real a un centro de datos de Google en Chile. Este fallo, causado por una confusión de unidades, ha dado pie a quienes critican el alarmismo sobre la relación entre la IA y el agua.
A pesar de esto, el problema es más complejo de lo que parece. Los centros de datos utilizan agua principalmente para refrigeración, y su consumo varía según el clima, la tecnología utilizada y la disponibilidad local del recurso. En regiones con abundancia de agua, el impacto puede ser menor, mientras que en áreas con sequía, como Chile o partes del oeste de Estados Unidos, la presión sobre los recursos hídricos puede ser significativa.
Fengqi You, profesor de sistemas energéticos en la Universidad de Cornell, señala que ‘cada caso debe evaluarse por separado’. No se puede afirmar que el uso de agua por parte de la IA sea irrelevante, pero tampoco que sea siempre un problema crítico. Parte de la confusión proviene de comparaciones simplistas; por ejemplo, producir una hamburguesa o una camiseta consume mucho más agua que una consulta a un modelo de lenguaje. Sectores como la agricultura o los campos de golf han estado utilizando enormes volúmenes de agua durante décadas sin el mismo escrutinio público.
A pesar de ello, los expertos advierten que el crecimiento acelerado de los centros de datos requiere un análisis más detallado, especialmente en áreas con estrés hídrico. Más allá de los litros exactos, la controversia refleja una discusión social más profunda sobre el valor de la inteligencia artificial. Muchas críticas no solo se centran en el consumo de agua, sino en la rápida integración de la IA en la vida cotidiana, acompañada de promesas de transformación económica, sin un consenso claro sobre sus implicaciones.
¿Deberíamos preocuparnos más por el impacto ambiental de la IA o por su rápida integración en nuestra sociedad?
Fuente: LA RAZÓN