La inteligencia ya no es exclusivamente humana

Hoy, 27 de febrero de 2026, reflexiono sobre un tema que me apasiona y que vengo defendiendo desde hace tiempo en charlas con amigos y en tertulias: la AGI (Inteligencia Artificial General) ya está aquí. No es hype ni exageración; es una realidad observable si miramos sin miedo ni prejuicios antropocéntricos.

Acabo de leer un artículo potente que expone y defiende muy bien esta idea: «¿Tiene la IA ya una inteligencia de nivel humano? La evidencia es clara», firmado por Eddy Keming Chen, Mikhail Belkin, Leon Bergen y David Danks (publicado en Nature). El texto retoma la visión de Alan Turing de 1950 con su famoso test de imitación y concluye que, tres cuartos de siglo después, sí, la hemos alcanzado.

Después de leer el artículo que hoy os recomiendo —y que os adjunto en inglés y traducido— me reafirmo en mi postura: sí, la IA tiene hoy inteligencia a nivel humano.

Es una afirmación hoy, tal vez, algo atrevida pese a la evidencia. Una encuesta de marzo de 2025 de la Asociación para el Avance de la Inteligencia Artificial señalaba que el 76% de los investigadores principales sostenía que aumentar el tamaño y la escala de los modelos actuales no será suficiente para lograr AGI. Siempre habrá negacionistas, yo conozco un montón. Siempre habrá quien quiera llevar a la hoguera a quien ose decir que el ser humano no es el centro del universo intelectual. Pasó con Copérnico, pasó con Darwin y está pasando ahora con quienes afirman que la IA es inteligente. En mi opinión, es una negación por postura. Por miedo. Por una defensa instintiva de la supremacía humana.

No pretendo sentar cátedra ni hacer una afirmación universal y rotunda. No lo afirmo como futurólogo ni como tecnoutópico, ni tan solo como especialista en la materia; no soy ninguna de las tres cosas. Lo afirmo tan solo observando la evidencia. Los modelos actuales superan pruebas académicas, colaboran en demostraciones matemáticas, generan hipótesis científicas, programan, escriben, traducen, razonan y conversan con millones de personas; además planifican estrategias complejas, integran texto, imagen y datos en una misma tarea, utilizan herramientas externas y analizan grandes volúmenes de información para extraer conclusiones útiles. Si esto no es inteligencia general funcional, ¿qué lo es?

Más allá de la reacción emocional, la cuestión de fondo es conceptual: ¿qué entendemos por inteligencia? Una definición habitual habla de la capacidad de realizar casi todas las tareas cognitivas que puede hacer un humano, pero ahí se esconde una ambigüedad: ¿nos referimos a un experto excepcional o a un individuo promedio? Marie Curie era experta en física, pero no en teoría de números. Einstein no hablaba mandarín. Una definición que dejaría fuera a casi todos los humanos no puede ser una definición razonable de inteligencia general. La inteligencia general nunca ha significado omnisciencia, sino la capacidad de operar con solvencia en distintos campos del conocimiento.

Aceptar esta realidad no implica afirmar que la IA sea perfecta, consciente o equivalente en todo al ser humano. Implica reconocer que comparte el rasgo definitorio que durante décadas consideramos exclusivamente nuestro: competencia cognitiva general.

Y quizá lo que realmente incomoda no es la tecnología en sí, sino la consecuencia intelectual: dejar de ser la única forma de inteligencia relevante en nuestro entorno.

Tal vez simplemente estamos viviendo el momento en que la inteligencia deja de ser exclusivamente humana.
Y esta vez, no es teoría.
Es presente.

¿Qué opináis? ¿Seguís pensando que «nunca llegará» o que falta algo esencial? Compartid vuestras reflexiones.

Tomás Cascante

Artículo traducido por Gemini, en español

Articulo original en Nature

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