Cargando...
Cargando noticias...

La revolución silenciosa de la IA será hacer más humanas las organizaciones


Acabo de leer uno de los siempre interesantes artículos de Sergi Marcén y no he podido menos que asentir con entusiasmo ante una propuesta que, en realidad, va mucho más allá de la administración pública sobre la que escribe Marcén y apunta directamente al futuro de cualquier organización.

Porque su reflexión sobre inteligencia artificial toca uno de los grandes malentendidos de esta nueva revolución tecnológica.

Llevamos meses —o años— hablando de IA como si su principal función fuese generar cosas: textos, imágenes, informes, resúmenes, presentaciones o automatizaciones rápidas. Y sí, puede hacerlo. Lo hace cada vez mejor. Pero seguramente ese no sea su impacto más profundo ni, desde luego, el más interesante.

Lo verdaderamente transformador aparece cuando dejamos de pensar la IA como una simple herramienta de producción y empezamos a verla como una capa capaz de rediseñar y humanizar entornos completos de trabajo.

Ese es, a mi juicio, el punto clave del artículo de Marcén.

Durante décadas hemos construido sistemas administrativos pensados desde la lógica de la máquina y no desde la lógica humana. Formularios eternos, procesos repetitivos, plataformas poco amables, burocracia digitalizada. En demasiadas organizaciones, buena parte del talento se consume simplemente alimentando sistemas, copiando datos, justificando pasos o adaptándose a interfaces que no han sido pensadas para facilitar el trabajo, sino para ordenar el procedimiento.

Y ahí hay una enorme paradoja.

La digitalización prometía hacernos más ágiles, pero muchas veces solo ha trasladado la vieja burocracia al entorno digital. Ha cambiado el papel por la pantalla, pero no siempre ha cambiado la experiencia de quienes trabajan ni de quienes se relacionan con esas organizaciones.

La propuesta que plantea Marcén invierte esa lógica: utilizar la IA no para sustituir personas, sino para liberar capacidad humana.

Y esa diferencia es decisiva.

Porque cuando la inteligencia artificial actúa como copiloto cognitivo —escuchando, ordenando información, sugiriendo contexto, anticipando necesidades o reduciendo carga administrativa— lo que realmente hace es devolver tiempo mental para aquello que sí tiene valor: pensar, interpretar, decidir, empatizar, coordinar y asumir criterio.

La administración pública es un espacio evidente para aplicar esta mirada, porque acumula complejidad normativa, procesos pesados y una presión creciente para responder mejor a la ciudadanía. Pero el razonamiento vale igualmente para empresas, universidades, hospitales, entidades sociales o cualquier organización que haya convertido la gestión administrativa en una carrera de obstáculos.

La gran oportunidad de esta tecnología no es producir más rápido más documentos.

Es construir sistemas menos hostiles.

Más humanos.

Más compatibles con cómo funciona realmente nuestro cerebro.

Y probablemente ahí esté la verdadera revolución silenciosa que describe Marcén: no una administración simplemente automatizada, sino organizaciones donde la tecnología deje de ser fricción y se convierta en acompañamiento inteligente.

Os recomiendo, os recomiendo mucho,  leer el artículo original completo de Sergi Marcén:

https://sergimarcen.wordpress.com/2026/05/12/la-revolucio-silenciosa-que-pot-transformar-ladministracio-publica/

Tomás Cascante
PUEDES LEER TODOS MIS ARTÍCULOS NOTANDUM, AQUÍ

.

.

.

Otras entradas que te pueden interesar