Quiero empezar mi crónica de hoy con una breve entrevista con Aitor Moreno, Mission Critical Specialist de Telefónica, sobre una solución que la compañía presenta en el MWC para gestionar emergencias y catástrofes. Me interesa especialmente porque aborda una cuestión fundamental: la capacidad de las redes para seguir operando cuando todo alrededor empieza a fallar, porque en un mundo cada vez más dependiente de la conectividad y en el actual contexto geopolítico y climático cada vez más inestable (y peligroso), esa resiliencia deja de ser un asunto puramente técnico para convertirse en una importantísima cuestión de seguridad y de continuidad social.
Pero más allá de estas soluciones concretas, el gran denominador común del Mobile de este año —como no podía ser de otra manera— es la inteligencia artificial integrada en todo. La IA ya no aparece como una tecnología aislada, sino como una capa transversal que atraviesa todo: redes que se optimizan solas, dispositivos que aprenden del usuario, sistemas capaces de anticipar incidencias o plataformas que automatizan procesos empresariales enteros.
La IA ya no es un producto; es la lógica que empieza a organizar el funcionamiento de todo el ecosistema tecnológico, desde las infraestructuras de telecomunicaciones hasta los servicios digitales y la gestión de datos.
Aunque para buena parte del público el Mobile sigue siendo una feria de teléfonos y gadgets, la realidad del congreso está en otro sitio. El verdadero corazón del Mobile late en la infraestructura tecnológica que sostiene todo el ecosistema digital. Es aquí donde operadores, fabricantes de equipos y grandes compañías tecnológicas presentan lo que realmente marcará el futuro inmediato: la evolución del 5G, el edge computing, redes cada vez más inteligentes y eficientes o nuevas arquitecturas de conectividad.
Pero hay otro espacio importante en el ecosistema del Mobile —aunque en realidad no forma parte estricta del congreso— que se celebra en paralelo y que cada año gana más protagonismo: el 4YFN (4 Years From Now). No es nuevo; lleva años acompañando al Mobile. Pero es, quizá más que nunca, una auténtica fábrica de futuro en la que no se presentan tanto productos terminados como proyectos en plena ebullición. Es el lugar donde aparecen las ideas, la creatividad, la ilusión y la fuerza de quienes están intentando construir las empresas de mañana. Podríamos decir que es la fábrica del futuro hecha con la energía de la gente del presente.
En sus espacios se ven startups de todo el mundo enseñando prototipos, plataformas digitales todavía en evolución, aplicaciones de inteligencia artificial, soluciones para salud, movilidad, industria o sostenibilidad. Hay demostraciones, presentaciones rápidas, inversores escuchando proyectos y emprendedores defendiendo su idea con esa mezcla de convicción y vértigo tan característica de quien está empezando. Muchas de esas iniciativas se quedarán por el camino, otras evolucionarán y solo unas pocas —muy pocas— acabarán convirtiéndose dentro de unos años en compañías que hoy todavía ni imaginamos. Pero precisamente por eso el 4YFN resulta tan interesante: porque es el lugar donde, entre ensayo y error, empieza a construirse el futuro.
El MWC ya no es solo una feria de dispositivos o un escaparate corporativo, es el lugar desde el que observar hacia dónde se está moviendo realmente la industria tecnológica global. Y lo que empieza a percibirse con bastante claridad es que el eje de ese movimiento pasa por tres ideas que se repiten en casi todos los pabellones: inteligencia en todas las capas de la tecnología, infraestructuras capaces de resistir cuando todo falla y sistemas cada vez más complejos que, sin embargo, deben seguir conectándolo todo.
Tomás Cascante