No hay que ser un seguidor del mítico e inexistente Ned Ludd enarbolando el martillo de Enoch para destruir telares, ni cerrarse a la indispensable evolución, ni temer a la inteligencia artificial más de la cuenta. Pero sí es mejor preocuparse y ocuparse de que la IA esté regulada según los intereses sociales y no dejada en manos de unos pocos, los oligarcas tecnológicos, como me temo que está pasando.
Vaya, que a veces uno se siente un poco ludita, solo un poco, y quiere defender que los tan denostados artesanos y trabajadores textiles que en la Inglaterra del 1.800 destruían la maquinaria industrial a la que identificaban como responsable de la pérdida de su empleo y la degradación de sus condiciones de vida, tenían un punto de justificación. No eran tanto los enemigos del progreso, como se les suele caricaturizar, sino trabajadores que se rebelaban contra un uso de las máquinas que ellos sufrían. Lo pagaron caro. Perdieron la batalla en todos los terrenos. Las máquinas lógicamente se abrieron camino en lo que sería la Revolución Industrial; fueron masacrados por los soldados ingleses; y se ganaron las críticas generalizadas. Incluso la de los marxistas. Karl Marx, en “El Capital”, les acusa de dar un “magnífico pretexto” al Gobierno del momento para proceder a “las más reaccionarias medidas de violencia”. Marx los ve desenfocados, confundiéndose de enemigo, atacando a unos medios materiales de producción cuando debían haber atacado la forma social de explotación.
Ahora, en tiempos de la IA, uno puede tener la tentación ludita. Aquellos artesanos se las tenían con las máquinas, y ahora topamos con la inteligencia artificial, dos fenómenos que revolucionan las sociedades, con impactos en la economía ciertamente, pero que van más al fondo, a la transformación profunda de la sociedad. Es lo que argumenta Brian Merchant, autor del libro “Sangre en las máquinas”, que hace un esfuerzo para limpiar la imagen de unos luditas que, dice, no eran pobres ignorantes que ignoraban la tecnología, sino trabajadores desesperados que luchaban contra un sistema que los dejaba sin futuro. Si los telares de entonces quitaban el trabajo a los obreros, los algoritmos de ahora deciden quién consigue un empleo.
La última gran figura global que ha puesto en evidencia los riesgos de la IA es el Papa León XIV, el que ahora nos visitará, en su reciente encíclica Magnifica Humanitas, en la que reclama que la IA esté al servicio de la dignidad humana y que no concentre el poder en manos de los gigantes tecnológicos. Va incluso más allá y, en estos tiempos de rearme generalizado, pide desarmar a la inteligencia artificial; es su oposición a los sistemas autónomos aplicados a la guerra.
Una encíclica que nos recuerda por qué Robert Francis Prevost eligió el nombre de León XIV, situándose como continuador de Vincenzo Gioacchino Pecci, el Papa León XIII, que en 1891 publicó otra encíclica determinante, la Rerum Novarum. La comparativa es interesante. Allí donde uno se movía en los tiempos de la revolución industrial, el otro navega en los de la IA. Si León XIII advirtió de los abusos del capitalismo salvaje, León XIV apunta al poder tecnocrático. Los dos cumplen su papel como referente global que va mucho más allá de la religión que representan y aportan luz a un camino que hay que recorrer; es inevitable, pero reclaman condicionarlo.
En el siglo XIX, León XII apuntaba al equilibrio entre el capital y el trabajo; ahora su sucesor en Roma advierte que el algoritmo debe estar al servicio de la persona. Y lo hace añadiendo mensajes complementarios, como fue que, en la presentación de esta encíclica, participara Christopher Olahel, cofundador de Anthropic, una de las principales compañías de IA, pero la única que se enfrentó a la administración Trump por oponerse a su uso ilimitado por el Pentágono.
Un León XIV que arrancó su pontificado de forma discreta, al menos en comparación con su exuberante y mediático predecesor, el Papa Francisco, pero que en los últimos tiempos ha mostrado temple. Se ha enfrentado sin temor a su compatriota Donald Trump cuando este amenazó con destruir la civilización iraní, y se ha ganado la atención y el reconocimiento de muchos con la Magnifica Humanitas.
¿Estamos realmente preparados para enfrentar los desafíos éticos y sociales que presenta la inteligencia artificial en nuestra sociedad?
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RESUMEN BASADO EN EL ARTÍCULO PUBLICADO EN La Vanguardia EL 01/06/2026. Leer original
https://www.lavanguardia.com/economia/20260601/11552108/la-tentacion-ludita-en-tiempos-de-la-ia.html