Anna N Schlegel, La eliminación de las mujeres no es una guerra cultural. Es un fracaso de liderazgo.


Las organizaciones ya no debaten sobre el avance de las mujeres; evitan mencionarlas por completo, no porque hayan dejado de creer en el progreso, sino porque temen hablar de ello.

En empresas, universidades e instituciones, el patrón es consistente: se elimina el lenguaje de género de las subvenciones, los programas internos continúan, pero de manera informal, y los ejecutivos son solidarios en privado, pero silenciosos en público. Esto no es estrategia; es evitación de riesgos. Y crea una ilusión peligrosa: que permanecer en silencio preserva el progreso, lo cual no es cierto. Lo que no se nombra desaparece del sistema.

No se trata de política, sino de cómo las organizaciones operan bajo presión. Cuando se elimina el lenguaje, desaparecen las métricas, se debilita la responsabilidad y se estanca el progreso. No se puede mejorar lo que se niega a rastrear, y no se puede rastrear lo que se niega a nombrar. Algunas organizaciones han exagerado con la DEI performativa, pero la respuesta actual no es una corrección; es una retirada.

El silencio crea tres riesgos inmediatos: la fuga de talento, ya que los mejores no se quedan donde el crecimiento es invisible; decisiones de menor calidad, pues los sistemas homogéneos producen resultados más débiles, especialmente en mercados globales impulsados por IA; y exposición futura, porque cuando el ciclo cambie, las organizaciones que no dijeron nada no tendrán nada que mostrar.

El término DEI ahora está cargado políticamente. Está bien, se puede dejar de lado la etiqueta, pero no se debe abandonar el diseño del sistema detrás de ella. Las preguntas operativas son: ¿estamos desarrollando todo el talento disponible? ¿estamos midiendo el progreso en todos los roles? ¿estamos construyendo tuberías de liderazgo que reflejen la realidad? Si la respuesta es no, o ‘no hablamos de ello’, ya se tiene un problema de rendimiento.

La eliminación silenciosa de las mujeres del lenguaje no es simbólica; es estructural. Históricamente, cuando las mujeres desaparecen de las narrativas económicas, de las tuberías de liderazgo y de las discusiones políticas, se señala una contracción más amplia de oportunidades, no solo para las mujeres, sino para todos.
¿Cómo pueden las organizaciones revertir la tendencia de silencio y garantizar que el talento femenino sea visibilizado y promovido adecuadamente?

Leer original https://annanschlegel.substack.com/p/the-erasure-of-women-is-not-a-culture

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